Colombia está dando de qué hablar. Mientras otros países de la región se tambalean, el ecosistema emprendedor colombiano se mantiene firme, demostrando una resiliencia envidiable.
¿La clave? Un espíritu emprendedor a prueba de balas, acostumbrado a lidiar con los vaivenes económicos. Y no lo digo yo, lo dicen los números: Colombia escala posiciones en los rankings de innovación, atrayendo la mirada de los grandes fondos de inversión.
SoftBank y Y Combinator ya han puesto sus ojos (y su dinero) en startups colombianas, y no son los únicos. Rappi y Habi son solo la punta del témpano de una ola de unicornios que está emergiendo en el país.
Varios factores: una clase media en ascenso, una rápida urbanización y un gobierno que apuesta por la innovación con incentivos fiscales y programas como iNNpulsa.
Pero ojo, no todo es color de rosa. Los desafíos persisten: incertidumbre regulatoria, inflación y fluctuaciones cambiarias son obstáculos que los emprendedores deben sortear.
Y aunque el sector fintech está en auge, con startups como Addi y Zinobe democratizando el acceso a los servicios financieros, aún hay camino por recorrer en áreas como la tecnología profunda.
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