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Hasta antes de la pandemia, la existencia de startups tecnológicas se encontraba como una opción de inversión un tanto exótica para las Oficinas Familiares comparte Rodrigo Besoy Sánchez, experto en inversiones.
«En México, las Oficinas Familiares destinaban únicamente el 4.4% de sus recursos al financiamiento de empresas emergentes durante los años de la prepandemia».
Sin embargo, tres años después, en todo el mundo las Oficinas Familiares están destinando hasta el 18% de sus recursos para invertir directamente en empresas emergentes, aunque privilegiando el hacerlo en etapas tempranas, destaca el especialista.
Para nada es raro que la orientación de los recursos que tradicionalmente designaban las Oficinas Familiares a otros activos como acciones, inversiones alternativas y bienes raíces, ahora se estén destinando en mayor medida al capital de riesgo, precisa Rodrigo Besoy.
De acuerdo con el estudio “Oficinas Familiares en México” realizado en 2019 por parte del Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa (IPADE) y la Asociación Mexicana de Capital Privado (Amexcap), por aquel entonces las Family Offices mexicanas destinaban al menos 500 mil dólares para invertir en startups, dejando en mayor medida este segmento a los Fondos de Venture Capital.
«No obstante, en pleno 2022 las propias Oficinas Familiares están compitiendo en algunos casos con los Fondos VC».
A decir del también gestor patrimonial, es notorio el cambio que ha ocurrido con las startups, principalmente tecnológicas, las cuales se vieron altamente beneficiadas por la transmutación de hábitos de consumo de las personas durante la pandemia.
«Incluso, México y América Latina son la muestra fehaciente del alto grado de confianza depositado en este tipo de empresas, porque han visto nacer decenas de “unicornios”, empresas valuadas en 1000 millones de dólares, durante el 2020 y 2021″.
Por tal razón, explica Rodrigo Besoy Sánchez, el escenario sugiere un mayor interés de las Oficinas Familiares hacia las empresas emergentes tecnológicas durante 2022 y los próximos años, sobre todo en regiones como América Latina y Asia-Pacífico, donde yacen países como México, que tan solo en 2021, de acuerdo con datos de Endeavor, alcanzó 3 mil 400 millones de dólares en capital de riesgo extranjero.
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