El campo argentino fue el laboratorio de pruebas. La escala global, el siguiente paso lógico. Fundada en 2016 por Matías Viel, Beeflow nació con la misión de profesionalizar un eslabón clave pero olvidado en la producción agrícola: la polinización. Su propuesta combina ciencia, tecnología y colmenas gestionadas con precisión quirúrgica. Hoy, la empresa opera en seis países, trabaja con más de 50 compañías agrícolas y busca superar los 10 millones de dólares de facturación anual en 2026.
Desde Río Negro hasta California, el modelo de Beeflow demostró ser escalable y rentable. Su sistema logra aumentar la productividad de cultivos como almendras, arándanos, kiwis y cerezas entre un 10% y un 40%, incluso en climas desafiantes. Esto es posible gracias al desarrollo de nutrición especial para abejas y protocolos basados en investigaciones del CONICET, la Universidad de Buenos Aires y la Universidad Nacional de Mar del Plata.
Beeflow y la polinización como estrategia de innovación agrícola
Beeflow es parte de una nueva camada de startups argentinas que construyen desde el conocimiento científico para competir en mercados exigentes. Su historia incluye un paso por IndieBio, una de las principales aceleradoras de biotecnología, y más de 15 millones de dólares levantados en rondas de inversión, incluyendo el respaldo de un fondo vinculado a Elon Musk. Hoy, su equipo combina 28 personas de planta y hasta 80 colaboradores estacionales durante los picos agrícolas.
El modelo de negocio se centra en contratos con grandes productores que buscan mejorar rendimientos sin ampliar superficie cultivable. Además, su tecnología se alinea con los objetivos globales de sustentabilidad, eficiencia y regeneración del agro.
El próximo hito de Beeflow será expandirse hacia Europa y Asia, con foco en India y China, donde ya operan algunos de sus clientes actuales.











