Cambiar el rumbo de la historia con polvos cristalinos podría sonar exagerado. Pero eso es exactamente lo que propone Omar Yaghi, Nobel de Química 2025, desde su laboratorio en la Universidad de California, Berkeley. Su propuesta no es teórica ni futura: los MOF ya están aquí y prometen redefinir lo que entendemos por sostenibilidad y tecnología avanzada.
Las estructuras metal-orgánicas (MOF) se construyen como si fueran Lego moleculares, con una porosidad extrema que les permite funcionar como superesponjas. Algunos modelos, como el MOF-5, alcanzan superficies internas del tamaño de un campo de fútbol… en apenas unos gramos. Esa capacidad los vuelve ideales para capturar moléculas específicas como vapor de agua o dióxido de carbono.
Capturar carbono sin contaminar en el intento
Además de limpiar el aire, los MOF ofrecen soluciones tangibles en regiones donde el agua escasea. El propio Yaghi ha demostrado que pueden extraer miles de litros de humedad del aire en zonas desérticas, con dispositivos que pronto podrían volverse parte del paisaje urbano. Por otro lado, su compañía Atoco impulsa el COF-999, una variante enfocada en capturar CO₂ de forma reutilizable y energéticamente eficiente.
Del mismo modo, los MOF podrían destrabar la logística del hidrógeno, al permitir su almacenamiento seguro a bajas presiones. Y en biomedicina, se explora su uso como vehículos de liberación controlada de fármacos, abriendo una nueva etapa en tratamientos de precisión.
Para cerrar el círculo, estos materiales pueden diseñarse para descomponerse sin dejar residuos, lo que elimina preocupaciones ambientales a largo plazo. Desde 2025, el uso de inteligencia artificial en su desarrollo ha duplicado la velocidad de creación de nuevos compuestos, acelerando así su llegada al mercado.
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