Sabritas Flamin’ Hot Gran Malo Spicy Tamarindo, colaboración de edición especial.
Gran Malo comenzó conquistando vasos.
Ahora quiere conquistar bolsas de papas.
El característico perfil de tamarindo dulce, ácido y picante de la marca mexicana llegó al universo de Sabritas mediante una colaboración con Flamin’ Hot.
El resultado son unas Sabritas Flamin’ Hot Gran Malo Spicy Tamarindo.
Además, la colaboración también llegó a Doritos.
Así, una marca relacionada con bebidas logra trasladar su identidad hacia una categoría completamente diferente: las botanas.
Y detrás del sabor existe una estrategia comercial mucho más interesante.
Gran Malo construyó buena parte de su identidad alrededor de sabores relacionados con México.
Entre ellos destaca Spicy Tamarindo.
Su combinación de tamarindo, dulzor, acidez y chile resulta especialmente reconocible para el consumidor mexicano.
Sin embargo, convertir ese perfil en unas papas abre otra posibilidad.
La marca deja de estar limitada a una sola categoría.
Ahora su sabor también puede convertirse en botana.
La nueva propuesta combina las tradicionales papas de Sabritas con el universo Flamin’ Hot y un sazonador inspirado en Gran Malo.
El sabor se comercializa como Spicy Tamarindo.
Por lo tanto, la experiencia busca combinar picante, acidez y notas frutales.
No se trata simplemente de hacer una papa todavía más picosa.
La diferencia está en introducir el tamarindo dentro de una categoría donde normalmente dominan chile, limón, queso y otras combinaciones saladas.
La estrategia no se limitó a Sabritas.
Doritos también recibió su propia versión Gran Malo Spicy Tamarindo.
Eso permite probar el mismo concepto sobre dos productos completamente diferentes.
Por un lado está la papa.
Por otro, el totopo de maíz.
Además, ambas marcas pertenecen al enorme ecosistema de botanas de PepsiCo.
Así, la compañía puede extender una colaboración sin necesidad de desarrollar una marca completamente nueva.
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Flamin’ Hot demuestra lo que ocurre cuando un sabor consigue reconocimiento propio.
Ya no necesita depender exclusivamente de un producto.
Puede aparecer en diferentes botanas y colaborar con otras marcas.
En consecuencia, el consumidor comienza a reconocer el concepto antes incluso de probarlo.
Rojo.
Picante.
Intenso.
Flamin’ Hot.
Esa identidad facilita desarrollar nuevos lanzamientos sin comenzar desde cero.
Gran Malo y Flamin’ Hot ya habían cruzado sus universos desde la otra dirección.
Existe también una versión de Gran Malo Flamin’ Hot dentro de la categoría de bebidas.
Ahora el intercambio llega al anaquel de botanas.
Es decir, Gran Malo puede incorporar Flamin’ Hot.
Mientras tanto, Flamin’ Hot puede incorporar Gran Malo.
Eso crea una colaboración mucho más profunda que simplemente colocar dos logotipos juntos.
Cada marca presta parte de su identidad a la otra.
Ese movimiento representa una tendencia cada vez más importante dentro del consumo.
Los sabores están dejando de pertenecer exclusivamente al producto donde nacieron.
Una bebida puede convertirse en dulce.
Un dulce puede transformarse en cereal.
Una salsa puede llegar a unas papas.
Incluso una marca de restaurante puede terminar dentro de un producto de supermercado.
Gran Malo está siguiendo esa misma lógica.
El consumidor ya conoce el sabor.
Por eso existe menos trabajo para explicar el lanzamiento.
La curiosidad hace el resto.
Además, la elección del sabor tiene sentido para el mercado mexicano.
El tamarindo aparece desde hace décadas en dulces, bebidas, salsas y productos enchilados.
Por lo tanto, combinarlo con chile no resulta extraño.
Lo novedoso está en llevar esa experiencia a unas papas comerciales bajo dos marcas reconocidas.
Así, el producto mezcla familiaridad con novedad.
El consumidor sabe aproximadamente qué esperar.
Pero necesita probarlo para descubrir cómo funciona en una Sabritas.
Otro elemento importante es su carácter especial.
Cuando una marca presenta un sabor como edición limitada, cambia la decisión de compra.
El consumidor sabe que posiblemente no estará disponible para siempre.
Entonces aparece una pregunta:
“¿Y si después ya no lo encuentro?”
Esa sensación puede acelerar la prueba.
Además, las ediciones especiales permiten experimentar sin comprometer permanentemente el catálogo.
Si funcionan, pueden extenderse.
Si no funcionan, desaparecen y dejan espacio para la siguiente colaboración.
Durante años, la urgencia parecía pertenecer principalmente a la moda.
Colecciones limitadas.
Sneakers.
Productos exclusivos.
Sin embargo, la industria alimentaria entendió que también puede utilizar esa estrategia.
Un sabor temporal genera conversación.
Además, incentiva la prueba y produce contenido para redes sociales.
El consumidor ya no compra únicamente porque tiene hambre.
También compra porque quiere descubrir a qué sabe.
Antes, una nueva papa necesitaba comerciales y exhibiciones dentro de las tiendas.
Ahora también necesita reacciones.
“Probando las nuevas Sabritas”.
“¿Saben realmente a Gran Malo?”
“¿Pican más que las normales?”
Ese contenido puede aparecer inmediatamente después del lanzamiento.
Como resultado, los propios consumidores ayudan a promocionar el producto.
Cada reacción se convierte en publicidad potencial.
Para Gran Malo, la colaboración tiene otra ventaja.
Una persona puede conocer la marca mediante unas papas sin haber comprado antes uno de sus productos.
Esto amplía el reconocimiento.
Además, la presencia en anaqueles de botanas coloca su nombre frente a un público mucho más amplio.
Así funcionan las buenas colaboraciones.
No solamente venden un producto.
Intercambian audiencias.
Para Sabritas, Gran Malo aporta personalidad.
El mercado mexicano de botanas es enorme y altamente competitivo.
Por eso lanzar simplemente “otro sabor picante” puede no ser suficiente.
Gran Malo aporta una historia.
Tiene nombre.
Identidad.
Un perfil de sabor reconocido.
Además, conecta con una estética irreverente y juvenil.
El resultado tiene más posibilidades de generar conversación que una variante sin colaboración.
Las colaboraciones ya no pertenecen únicamente a Nike, Adidas o las marcas de lujo.
Ahora están en alimentos y bebidas.
El objetivo es similar.
Crear novedad.
Mezclar audiencias.
Generar conversación.
Producir sensación de exclusividad.
Finalmente, impulsar compras que probablemente no habrían ocurrido con un producto convencional.
Esa es quizá la mayor lección detrás de Gran Malo y Flamin’ Hot.
Las empresas no solamente pueden construir marcas alrededor de productos.
También pueden construirlas alrededor de sabores.
Flamin’ Hot es un gran ejemplo.
Gran Malo intenta desarrollar una lógica parecida alrededor de su universo de sabores.
Si el consumidor reconoce inmediatamente qué significa “Spicy Tamarindo”, ese perfil puede viajar.
Primero estuvo en una botella.
Ahora aparece sobre una papa y un Dorito.
Mañana podría terminar en otra categoría.
Antes parecía sencillo.
Las marcas de bebidas vendían bebidas.
Las compañías de botanas vendían botanas.
Sin embargo, las colaboraciones están rompiendo esas divisiones.
Lo importante ahora es la identidad.
Si una marca posee un sabor reconocible, puede intentar trasladarlo.
Eso es exactamente lo que está ocurriendo aquí.
Sabritas no solamente lanzó otra papa picante. Tomó el universo de Gran Malo y lo convirtió en una botana.
Mientras tanto, Gran Malo consiguió algo todavía más importante:
salir de la botella sin dejar de saber a Gran Malo.
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