Cuando un negocio familiar en México abre sus puertas, también enfrenta un dilema: crecer bajo la sombra de la informalidad o apostar por la formalidad con todo en contra. Las mipymes representan el 99.8% de las unidades económicas del país y generan más del 70% del empleo formal, pero aún así, el 67% sigue operando en la informalidad. Es un freno silencioso que impide despegar.
Este fenómeno no solo reduce el acceso a crédito, tecnología o seguridad social. También perpetúa condiciones laborales precarias y limita el potencial competitivo de miles de empresas que, por diseño o necesidad, trabajan al margen del sistema. La informalidad no es elección, muchas veces es supervivencia.
Formalización con enfoque humano, no punitivo
Frente a este escenario, la Asamblea Nacional de Empresas y Negocios Familiares G32 impulsa un nuevo enfoque: formalización práctica, progresiva y con empatía. Su propuesta pone en el centro a la economía de mostrador, esa que vive al día, y plantea soluciones reales como simplificación fiscal, certeza jurídica e incentivos útiles.
Además de inspiración internacional, G32 apuesta por liderazgos comprometidos, educación financiera y herramientas concretas para transformar la cultura empresarial desde adentro. No se trata solo de cumplir con Hacienda, sino de construir negocios resilientes, dignos y sostenibles.
Hoy, ser formal es más caro y complejo que mantenerse informal. Una paradoja que castiga a quien quiere hacer las cosas bien. Por eso, desde G32 se promueve una agenda de acción colectiva, alianzas público-privadas y redes de acompañamiento que empoderen al pequeño empresario con visión de largo plazo.
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