Cuando parecía que ya nada podía sorprender en paleontología, un pez extinto sacó ventaja con una mandíbula que parece sacada de un render de ciencia ficción. Helicoprion, una criatura marina emparentada con los tiburones, tenía dientes afilados dispuestos en forma de espiral. Su estructura causó confusión durante más de 100 años, hasta que la tecnología moderna reescribió la historia.
El misterio nació en 1899 en Rusia, cuando se encontró la primera espiral dental fosilizada. Desde entonces, las teorías fueron tantas como erróneas: ¿la espiral iba en la nariz, la garganta o una aleta? La incógnita persistió hasta que, en 2013, un equipo del Museo de Historia Natural de Idaho aplicó tomografía computarizada sobre fósiles bien conservados. El resultado fue una reconstrucción anatómica precisa, que ubicó la espiral en la mandíbula inferior, no hacia afuera, sino como una especie de trampa rotativa interna.
Mandíbula en espiral: diseño letal de un depredador antiguo
Esta estructura no solo era única, sino letal. Funcionaba como una cinta dentada que perforaba a presas blandas, como los antecesores de los calamares. Helicoprion dominó los océanos entre 270 y 290 millones de años atrás, superando incluso al actual tiburón blanco en tamaño.
Además, la investigación reveló que este sistema dental no se reemplazaba, sino que acumulaba dientes nuevos en espiral, empujando los viejos hacia el centro. Una solución evolutiva radical que habla de la diversidad biológica en la era prehistórica.
Este avance confirma que la tomografía computarizada es clave en el análisis de especies extintas. La reconstrucción 3D no solo devuelve forma a estructuras perdidas, también ofrece pistas sobre comportamientos, hábitats y estrategias de caza.
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