Yuya: cómo una creadora de contenido convirtió su nombre en un negocio que sobrevivió a YouTube

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Mucho antes de que los influencers lanzaran maquillaje, ropa o restaurantes, Yuya ya había demostrado que una audiencia en internet podía convertirse en una marca.

Mariand Castrejón, conocida como Yuya, comenzó a publicar videos en YouTube cuando la plataforma todavía estaba creciendo. Sus tutoriales de maquillaje, belleza y estilo conectaron rápidamente con una generación de jóvenes que buscaba contenido cercano y fácil de entender.

Sin embargo, su mayor logro no fue conseguir millones de reproducciones.

Fue convertir esa atención en una comunidad con valor comercial.

De los videos a una comunidad

Yuya creció junto con YouTube.

En aquellos años, convertirse en creadora de contenido todavía no era una profesión tan definida como lo es actualmente. No existían las grandes agencias de influencers ni las estrategias de marketing que hoy rodean a los creadores.

Su contenido, además, tenía una característica muy importante: cercanía.

Yuya hablaba con su audiencia como si estuviera conversando con una amiga. Esa forma de comunicarse ayudó a construir una relación de confianza.

Con el tiempo, su nombre comenzó a valer mucho más que un canal de YouTube.

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Hoy muchos influencers utilizan sus plataformas para vender productos propios.

La razón es sencilla. Una publicación puede generar millones de vistas, pero una marca puede producir ingresos incluso cuando el creador no está publicando contenido.

Yuya fue una de las creadoras mexicanas que ayudó a demostrar el potencial de este modelo.

La belleza fue el primer gran negocio

El paso hacia los productos de belleza fue natural.

Durante años, su audiencia la había seguido precisamente por sus consejos sobre maquillaje y cuidado personal. Por eso, llevar su nombre a productos físicos tenía sentido.

La relación entre contenido y producto también reducía una barrera importante.

Una empresa nueva necesita convencer al consumidor de que pruebe algo desconocido. Yuya, en cambio, ya contaba con una audiencia que conocía su estilo y confiaba en sus recomendaciones.

Así, la comunidad construida en internet podía convertirse en consumidores.

El nombre también se convirtió en un activo

Una de las grandes ventajas de una marca personal es que puede moverse entre diferentes negocios.

Yuya no dependía exclusivamente de YouTube.

Su identidad podía aparecer en productos de belleza, publicaciones, campañas y otros proyectos.

Además, la audiencia podía seguirla aunque cambiara la plataforma.

Ese punto resulta clave en un momento en el que las redes sociales cambian constantemente.

YouTube cambió sus algoritmos.

Instagram modificó la forma de mostrar contenido.

TikTok cambió los hábitos de consumo.

A pesar de ello, una comunidad que reconoce y confía en una persona puede mantenerse.

Yuya anticipó la economía de los creadores

Actualmente es común que un influencer lance una marca propia.

Hay creadores que venden maquillaje, ropa, alimentos, bebidas, productos digitales y experiencias.

Sin embargo, este modelo no apareció de la noche a la mañana.

Yuya comenzó a construirlo cuando todavía no tenía un nombre claro.

Su trayectoria mostró que un creador podía pasar de generar contenido a desarrollar productos y construir una empresa alrededor de su identidad.

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El número de seguidores puede ser importante, pero no es suficiente.

Una comunidad puede convertirse en clientes, compradores recurrentes y embajadores de una marca.

Por eso, para un creador, la pregunta más importante ya no es solamente cuántas personas lo siguen.

También importa qué tanto confían en él y qué están dispuestas a comprar.

El verdadero valor está en la confianza

Yuya construyó su comunidad durante años.

Cada video ayudó a fortalecer su relación con la audiencia. Esa confianza terminó teniendo un valor comercial que una campaña publicitaria tradicional difícilmente puede replicar.

Una marca puede pagar por aparecer frente a millones de personas.

Un creador puede conseguir que esas personas escuchen una recomendación porque sienten que conocen a quien está hablando.

Esa diferencia explica por qué las marcas personales se volvieron tan atractivas.

El reto de convertir fama en empresa

Tener millones de seguidores no garantiza que un negocio funcione.

Una audiencia puede perder interés. Las plataformas pueden cambiar. Los consumidores también modifican sus hábitos.

Por esa razón, el verdadero reto de un creador consiste en construir algo que pueda existir más allá de las redes sociales.

Yuya logró llevar su identidad al mundo de los productos.

Eso cambia completamente el valor de su marca.

De influencer a empresaria

La historia de Yuya ayuda a entender cómo evolucionó internet.

Primero aparecieron los creadores.

Después llegaron las grandes comunidades.

Finalmente, esas comunidades comenzaron a convertirse en negocios.

Hoy, una persona con una audiencia importante puede lanzar un producto y tener acceso inmediato a potenciales clientes.

Ese modelo ha creado una nueva categoría empresarial: la economía de los creadores.

Yuya estuvo entre las mexicanas que ayudaron a construir ese camino.

El negocio no estaba en los millones de vistas

Su historia deja una lección para las nuevas startups.

La audiencia por sí sola no es el negocio.

El verdadero activo es la relación construida con ella.

Yuya comenzó haciendo videos sobre belleza y terminó demostrando que una comunidad digital puede convertirse en una marca con presencia fuera de internet.

Ese es, quizá, su mayor legado empresarial.

No haber sido solamente una de las creadoras mexicanas más populares de YouTube, sino haber ayudado a demostrar que una persona puede convertirse en el punto de partida de toda una empresa.

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