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Los tazos conquistaron una generación y luego desaparecieron

Hubo una época en la que abrir una bolsa de papas era casi tan emocionante como probar las botanas que venían dentro. Los tazos se convirtieron en una auténtica obsesión para millones de niños en México y Latinoamérica, transformando una simple estrategia promocional en uno de los fenómenos de mercadotecnia más exitosos de los años noventa y principios de los dos mil.

Impulsados principalmente por Sabritas, los tazos lograron algo que pocas campañas han conseguido. Además de vender más producto, crearon una cultura de intercambio, coleccionismo y competencia que se extendió a escuelas, parques y reuniones familiares. En consecuencia, muchas personas compraban varias bolsas únicamente para encontrar el tazo que les faltaba.

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Las colecciones inspiradas en Pokémon, Dragon Ball Z, Looney Tunes y otras franquicias populares impulsaron todavía más el fenómeno. Los tazos dejaron de ser un regalo promocional para convertirse en objetos de valor dentro de una economía infantil donde intercambiar piezas raras era parte de la experiencia.

Los tazos fueron una lección maestra de marketing

El éxito se apoyó en una fórmula aparentemente simple. Por otro lado, cada colección generaba escasez, deseo de completar series y compras repetidas. Asimismo, los costos de producción eran relativamente bajos comparados con el incremento de ventas que podían generar.

También destaca que esta estrategia aprovechó perfectamente la cultura previa a los teléfonos inteligentes.  Los niños pasaban gran parte de su tiempo intercambiando objetos físicos, algo que hoy ocurre principalmente en espacios digitales.

¿Por qué las marcas dejaron de apostar por ellos?

El cambio de hábitos de consumo explica gran parte de la respuesta. Las nuevas generaciones interactúan más con videojuegos, aplicaciones y redes sociales que con coleccionables físicos. Además, las licencias de personajes se volvieron más costosas y las regulaciones sobre publicidad infantil aumentaron significativamente.

De igual manera, las marcas descubrieron que promociones digitales, códigos QR y experiencias dentro de aplicaciones pueden generar interacción constante sin incrementar los costos de producción y logística que implicaban los tazos.

Aun así, muchas de aquellas piezas continúan circulando en mercados de coleccionismo. Algunos ejemplares raros alcanzan precios sorprendentes entre fanáticos que buscan recuperar una parte de su infancia, demostrando que el verdadero valor de los tazos nunca estuvo en el plástico, sino en los recuerdos que ayudaron a construir.

REDACCIÓN

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