La generación de las grandes sagas juveniles
Hubo una época en la que millones de adolescentes esperaban el lanzamiento de un libro casi como hoy se espera una nueva temporada de una serie.
Crepúsculo, Los juegos del hambre, Divergente, Cazadores de sombras y Maze Runner llenaron librerías, generaron filas, dominaron conversaciones en internet y terminaron convertidos en películas.
No ocurrió por casualidad.
Entre finales de los años 2000 y buena parte de la década de 2010, la literatura juvenil vivió uno de sus grandes momentos comerciales.
Y una generación descubrió algo que la industria editorial llevaba años intentando conseguir:
leer podía convertirse en un fenómeno de cultura pop.
Stephenie Meyer publicó Crepúsculo en 2005.
La historia de Bella Swan y Edward Cullen mezcló romance adolescente con vampiros y fantasía.
El fenómeno creció rápidamente.
La saga terminó formada por Crepúsculo, Luna nueva, Eclipse y Amanecer. Después llegaron otros libros relacionados con ese universo.
Pero el salto definitivo ocurrió con Hollywood.
Kristen Stewart y Robert Pattinson protagonizaron las adaptaciones cinematográficas y convirtieron a sus personajes en íconos de la cultura popular.
De repente, las librerías compartían conversación con alfombras rojas, revistas, internet y productos de mercancía.
En 2008 apareció otro fenómeno.
Suzanne Collins publicó Los juegos del hambre.
Katniss Everdeen vivía en Panem, una sociedad distópica donde jóvenes eran obligados a participar en una competencia mortal televisada.
Había romance, pero también desigualdad, propaganda, poder político, espectáculo y supervivencia.
La trilogía consiguió atraer tanto al público adolescente como a muchos lectores adultos.
Después llegó Jennifer Lawrence.
Las películas transformaron a The Hunger Games en una franquicia mundial y consolidaron una nueva obsesión editorial: las distopías juveniles.
Las editoriales entendieron rápidamente lo que estaba ocurriendo.
En 2011 llegó Divergente, de Veronica Roth.
Su universo dividía a la sociedad en diferentes facciones y colocaba nuevamente a una adolescente frente a un sistema autoritario.
Maze Runner, de James Dashner, utilizó otro concepto: jóvenes atrapados dentro de un enorme laberinto sin comprender completamente qué estaba ocurriendo.
Cazadores de sombras, de Cassandra Clare, apostó por demonios, criaturas sobrenaturales, romance y una extensa mitología.
También aparecieron fenómenos como The Selection, Beautiful Creatures y muchas otras sagas que intentaron conquistar al mismo público.
Las portadas comenzaron a parecer objetos coleccionables.
Tener la saga completa en el librero también formaba parte de la experiencia.
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Aquí ocurrió algo fundamental.
Estos libros crecieron al mismo tiempo que las redes sociales, los blogs, Tumblr, YouTube y las comunidades digitales.
Los lectores podían discutir teorías.
Elegían equipos.
¿Edward o Jacob?
¿Peeta o Gale?
Publicaban fan art, escribían fanfiction y esperaban fotografías del reparto de las próximas películas.
La lectura comenzó a comportarse como un fandom.
Eso cambió la manera de comercializar literatura juvenil.
El libro ya no terminaba en la última página.
Podía continuar mediante películas, productos, eventos, comunidades y contenido creado por los propios seguidores.
Para los estudios cinematográficos, estas sagas tenían una ventaja extraordinaria.
El público ya existía antes de estrenar la primera película.
Además, una trilogía podía convertirse en tres, cuatro o incluso más producciones.
El modelo ayudó a impulsar algunas de las franquicias juveniles más reconocibles del siglo XXI.
No todas funcionaron.
El enorme número de adaptaciones terminó saturando especialmente el género distópico. Algunas franquicias perdieron fuerza y otras ni siquiera consiguieron completar sus historias cinematográficas.
Pero el modelo quedó establecido.
Un libro juvenil exitoso podía convertirse en propiedad intelectual para toda una industria de entretenimiento.
En realidad, cambió la manera de descubrirlos.
Hoy TikTok y especialmente BookTok pueden convertir nuevamente una novela en fenómeno años después de su publicación.
Al mismo tiempo, algunas de aquellas franquicias siguen generando historias.
Los juegos del hambre amplió su universo mediante nuevas precuelas. Crepúsculo continúa teniendo una enorme presencia cultural y editorial.
La nostalgia también empieza a jugar un papel importante.
Quienes fueron adolescentes cuando estas sagas dominaban las librerías ahora son adultos.
Y muchos todavía conservan aquellos libros.
Porque Crepúsculo, Los juegos del hambre y las sagas que llegaron después hicieron algo mucho más importante que vender millones de ejemplares.
Convirtieron abrir un libro en una experiencia colectiva para toda una generación.
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