Mientras la incertidumbre marcaba el pulso global en 2020, en Paraguay nacía un proyecto que apostaba por la belleza hecha a mano. Flor Arte surgió durante los meses más duros de la pandemia como una forma de canalizar emociones, crear desde casa y reconectar con lo esencial. Hoy, ese impulso inicial se convirtió en un emprendimiento consolidado con pedidos desde Asunción hasta Encarnación.
En el taller de Flor Arte, la porcelana fría deja de ser solo material para convertirse en flores, personajes, adornos o regalos cargados de historia. La propuesta es clara: piezas únicas, con intención, que hablen de quien las da y de quien las recibe. Esa personalización ha sido clave en su crecimiento. Cada color, forma y mensaje responde a un pedido emocional, y eso fideliza.
Porcelana fría: del pasatiempo al modelo de negocio
La fundadora comenzó modelando pequeñas figuras para regalar. Fue el boca a boca lo que encendió la chispa comercial. Las redes sociales aceleraron ese proceso, permitiendo que sus creaciones llegaran a públicos más amplios, incluso fuera de su ciudad de origen. Hoy, sus piezas se entregan en diferentes puntos del país con una logística simple pero efectiva.
Además de la venta directa, Flor Arte colabora con organizadores de eventos, tiendas de regalos y reposterías. Esta diversificación le permitió ampliar su catálogo y posicionarse como opción creativa para celebraciones, eventos corporativos y fechas especiales.
La marca ha mantenido su esencia artesanal, incluso mientras crece. A través de su Instagram, no solo muestra productos terminados: documenta procesos, inspira y conecta. Esa narrativa de cercanía ha sido uno de sus mayores activos.










