El futuro de Jaguar en Reino Unido está en un punto de inflexión. No por la falta de talento ni por la tecnología disponible, sino por la falta de una visión clara y operativa que conecte con el mercado. Mientras los directivos promueven una transformación hacia el lujo eléctrico, algunos de sus propios vendedores dudan de la viabilidad de esta nueva dirección.
En 2025, la marca anunció que dejaría de producir sus modelos tradicionales para centrarse por completo en una gama de vehículos eléctricos de lujo. El problema no está en la electrificación, sino en cómo se plantea el negocio. Por ahora, no hay un catálogo definido, los distribuidores no tienen herramientas para proyectar ventas y muchos clientes siguen sin saber qué representa hoy Jaguar.
El salto al lujo eléctrico sin red de seguridad
En lugar de una evolución progresiva, Jaguar optó por cortar radicalmente con su pasado. Aunque planean lanzar su nuevo GT eléctrico con más de 650 kilómetros de autonomía, no han revelado precios finales, ni fechas concretas, ni una hoja de ruta clara. Este vacío de información deja a la red comercial en el limbo y genera incertidumbre entre los consumidores británicos.
Además, la decisión de reducir concesionarios físicos para enfocarse en una experiencia de venta digital no ha sido acompañada de un sistema robusto ni de capacitación específica. El resultado: equipos desconectados, objetivos confusos y un modelo de negocio que, según palabras de sus propios vendedores, “no existe como tal”.
Jaguar busca posicionarse al nivel de Bentley, pero sin un ecosistema que respalde esa ambición, el riesgo es convertirse en una promesa que no despega. Y mientras tanto, marcas como BMW, Audi y Mercedes siguen ganando cuota con propuestas claras, coherentes y bien ejecutadas.
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