No necesitas un traje caro ni miles de seguidores para sobresalir. Lo que realmente impulsa a los emprendedores hoy es la autenticidad. En un entorno donde la competencia se mide en clics, la marca personal se convierte en un diferenciador estratégico, pero solo si nace desde adentro y no desde el disfraz.
Construir una marca personal sólida implica definir con claridad lo que se quiere proyectar, a quién se quiere impactar y cuál es el público ideal. A partir de ahí, todo comunica: la imagen, el mensaje y el comportamiento. La clave está en mantener coherencia entre lo que se dice, se hace y se muestra.
Crear un personaje exclusivamente para redes sociales o ventas puede parecer una solución práctica al inicio, pero es una jugada arriesgada. Si la narrativa que muestras no está alineada con tu verdadera esencia, terminarás atrapado en un rol insostenible. Y cuando la brecha entre lo que eres y lo que proyectas se nota, la confianza se pierde.
No eres un personaje, eres tu marca
Los consumidores actuales no buscan perfección, buscan conexión. Por eso, perfiles auténticos, imperfectos y humanos tienen más impacto que estrategias sobreproducidas. “Como emprendedores, no necesitamos miles de seguidores, sino congruencia”, afirma Jaqueline de la Vega, coach de imagen y marca personal. De igual forma, Lorena Martínez lo resume sin rodeos: “Somos gente haciendo negocios, no negocios haciendo gente”.
Una marca personal bien definida actúa como un canal de posicionamiento y una herramienta para conectar con oportunidades. No se trata de inventarse una versión ideal, sino de comunicar con intención quién eres como profesional y como emprendedor.
Una comunicación estratégica bien ejecutada puede ser tan poderosa como una inversión en pauta digital. Y lo mejor: se construye con base en lo que ya eres, no en lo que aparentas ser.
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