Dove x Crumbl: cuando una galleta viral se convierte en producto de belleza

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Productos de cuidado corporal Dove x Crumbl inspirados en los aromas de las populares galletas y postres de Crumbl.
Dove x Crumbl: cuando una galleta viral se convierte en producto de belleza

¿Qué tienen en común una galleta de tres leches y un producto para el cuidado de la piel?

Aparentemente, muy poco.

Sin embargo, Dove y Crumbl encontraron una manera de convertir los aromas de algunas de las galletas más populares de internet en productos para el cuidado corporal.

La colaboración Dove x Crumbl mezcla dos mercados que normalmente no estarían relacionados: belleza y postres.

El resultado incluye geles de baño, exfoliantes, jabones, productos para manos y desodorantes inspirados en sabores de Crumbl.

Pero detrás de los aromas dulces existe una estrategia comercial mucho más interesante.

Dove convirtió el fenómeno Crumbl en una experiencia para la piel

La colección utiliza algunos de los sabores y aromas asociados con Crumbl para desarrollar diferentes productos.

Entre ellos aparecen Confetti Cake, Strawberry Crumb Cake y Tres Leches.

El objetivo no consiste en que los productos sepan como una galleta. De hecho, Dove advierte que no son comestibles.

La apuesta está en el aroma.

Confetti Cake utiliza notas inspiradas en una galleta de azúcar caliente con buttercream. Strawberry Crumb Cake mezcla referencias de fresa, vainilla y migajas mantequillosas.

Tres Leches lleva otro de los postres populares de Crumbl al cuidado corporal.

Dove combina esas fragancias con tecnologías que ya utiliza dentro de sus productos para mantener la hidratación y ayudar a proteger la barrera natural de la piel.

La innovación, por lo tanto, no está solamente en la fórmula.

Está en transformar una experiencia que normalmente asociamos con comer en algo que también podemos utilizar durante nuestra rutina diaria.

La primera colaboración se volvió viral

Dove y Crumbl ya habían probado esta combinación anteriormente.

Y funcionó.

De acuerdo con Dove, la primera colección provocó más de 5,000 videos orgánicos creados por usuarios y superó los 101 millones de visualizaciones en redes sociales.

Además, los productos se agotaron rápidamente.

Por eso, la colaboración regresó con nuevos formatos y aromas.

Esto demuestra el enorme valor que tienen actualmente las colaboraciones entre marcas.

Crumbl aporta una identidad visual fácilmente reconocible, sabores virales y una comunidad acostumbrada a esperar nuevos lanzamientos.

Dove aporta distribución, experiencia en cuidado personal y una categoría completamente diferente.

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Las marcas ya no quieren vender solamente productos

Crumbl construyó buena parte de su popularidad mediante una estrategia de lanzamientos constantes.

Sus nuevos sabores generan conversación, videos, reseñas y contenido para redes sociales.

Dove llevó esa misma lógica al supermercado.

Una edición limitada provoca urgencia. Una colaboración inesperada genera conversación. Y un producto visualmente reconocible tiene mayores posibilidades de aparecer en TikTok o Instagram.

Así, un gel de baño deja de competir únicamente por precio, hidratación o aroma.

También puede convertirse en un objeto coleccionable.

Esta tendencia aparece cada vez más en belleza, moda, alimentos y tecnología. Las compañías buscan comunidades que ya existen y mezclan universos aparentemente incompatibles.

Dove x Crumbl funciona precisamente porque resulta extraño imaginarlo.

Una compañía vende productos para la piel. La otra construyó un fenómeno alrededor de galletas gigantes.

Juntas descubrieron que el aroma puede convertirse en el puente entre dos industrias completamente diferentes.

Y más de 101 millones de visualizaciones después, también demostraron que una buena colaboración puede vender mucho más que un producto.

Puede vender el deseo de probarlo antes de que desaparezca.

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