Foto de cortesía
La Inteligencia Artificial (IA) comienza a incorporarse a espacios que tradicionalmente han dependido de intermediarios humanos.
En el terreno laboral mexicano, Alejandro Martínez Araiza, secretario general nacional del Sindicato Nacional Alimenticio y del Comercio (SNAC), impulsa La REBEL, una herramienta que busca agilizar el acceso de los trabajadores a información contractual y legal.
El primer ejercicio relevante ocurrió durante la revisión del contrato colectivo de Barcel, de Grupo Bimbo, en enero de 2026.
Según información del SNAC, 1,835 trabajadores recibieron mensajes de la herramienta y 88 por ciento los leyó y respondió.
Más que funcionar como un chatbot convencional, La REBEL utiliza información relacionada con la empresa y la planta del trabajador para orientar las respuestas. Entre sus funciones se encuentran:
El potencial de esta tecnología no se limita a reducir el tiempo necesario para responder una pregunta, detalla su autor, el secretario general del SNAC.
Su utilización también puede generar información agregada sobre los asuntos que preocupan a los trabajadores.
El SNAC plantea que, mediante consultas anónimas, podrían detectarse concentraciones inusuales de preguntas sobre temas como finiquitos, determinadas cláusulas contractuales o acoso laboral.
Para las organizaciones, este tipo de señales puede servir como un indicador temprano de situaciones que eventualmente podrían convertirse en conflictos.
Asimismo, el modelo abre al mismo tiempo una discusión sobre gobernanza tecnológica; entre los aspectos que requieren atención están la actualización de las fuentes jurídicas, la precisión de las respuestas, la protección de los datos y los criterios para escalar un caso a una persona.
Ese punto resulta relevante en un mercado laboral donde las empresas incorporan herramientas digitales para administrar turnos, medir productividad y automatizar procesos de gestión.
El SNAC y Alejandro Martínez Araiza denominan “dumping algorítmico” a una utilización desigual de la tecnología que puede generar ventajas competitivas sin mecanismos suficientes de rendición de cuentas y frente a ello, la organización plantea que la transformación digital también debe beneficiar a quienes participan directamente en los procesos productivos.
De esa visión surge el concepto de “Dividendo Tecnológico”, enfocado en distribuir parte de los beneficios derivados de la automatización entre los trabajadores.
La experiencia de Barcel coloca así a la inteligencia artificial en una dimensión distinta de la automatización de tareas: como infraestructura de información para las relaciones laborales.
Para las empresas, el desarrollo de estas herramientas también introduce una pregunta de gestión: cómo incorporar tecnología sin dejar fuera a quienes forman parte de la operación y de la toma cotidiana de decisiones laborales.
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