La tradición de las piñatas también genera negocio

Facebook
Twitter
Pinterest
Piñatas artesanales mexicanas de colores elaboradas con cartón y papel dentro de un taller tradicional de Iztapalapa.
La tradición de las piñatas también genera negocio

Una pequeña olla de barro terminó convirtiéndose en el punto de partida de un negocio que ha acompañado a una familia mexicana durante décadas. En Santa María Aztahuacan, Iztapalapa, la familia Cervantes mantiene viva la elaboración artesanal de piñatas mediante la Cooperativa Piñatas Calletano.

La historia comenzó cuando la madre de María de los Ángeles Cervantes empezó a fabricar pequeñas piñatas hace alrededor de cuatro décadas. Con el tiempo, aumentaron el tamaño de las piezas y la capacidad de producción. La familia incluso compraba grandes cantidades de ollas de barro para atender la demanda.

Piñatas Calletano adapta un oficio tradicional

El negocio también evolucionó en sus materiales. Además del barro, la familia comenzó a trabajar con cartón, periódico y engrudo. Las capas forman la estructura y posteriormente se incorporan conos, papel decorativo y otros elementos característicos de las tradicionales estrellas mexicanas.

La adaptación demuestra cómo un conocimiento transmitido entre generaciones puede mantenerse vigente mediante cambios sencillos. Asimismo, permite conservar una actividad productiva estrechamente vinculada con las celebraciones populares de México.

Lee también: La Croissanterie convierte el cruasán en alta cocina

Un negocio familiar frente a nuevos hábitos

El desafío ahora está en la transformación de las costumbres. María de los Ángeles Cervantes señala que las posadas son menos frecuentes que décadas atrás. En consecuencia, los pedidos también disminuyeron frente a los niveles que alcanzaba anteriormente el taller.

Por otro lado, la organización mediante una cooperativa ofrece una vía para mantener la actividad económica. Piñatas Calletano forma parte de una red impulsada por la Secretaría de Economía Social de la Ciudad de México; En sus mejores periodos, la familia recuerda entregas de 500 y hasta mil piñatas. Hoy, conservar compradores resulta fundamental para sostener tanto el ingreso familiar como un oficio tradicional de Iztapalapa.

Noticias Relacionadas