Las decisiones económicas en México se están cargando de cautela. Más allá de las cifras macroeconómicas, lo que realmente está marcando la conversación es la percepción: millones de mexicanos están convencidos de que su calidad de vida va en declive.
La Encuesta Nacional sobre Confianza del Consumidor (ENCO), publicada en 2025, revela una tendencia preocupante. A pesar de que la inflación muestra cierta desaceleración, 48% de los mexicanos prevé un aumento generalizado de precios. Además, 41% considera que su economía familiar no mejorará en los próximos meses. Este fenómeno no solo habla de dinero, sino de cómo las personas visualizan su futuro inmediato.
Inflación, confianza y decisiones
Cuando la percepción se erosiona, las decisiones cambian. Menos gasto, más ahorro, aplazamiento de compras importantes. La confianza del consumidor es más que un dato estadístico; es el motor que impulsa o detiene sectores enteros, desde el retail hasta la vivienda.
De igual manera, el 44.6% de los encuestados considera que este no es un buen momento para adquirir bienes duraderos. Eso se traduce en menor dinamismo en industrias como tecnología, automotriz o electrodomésticos. El desafío está en cómo generar estrategias que reconecten con la expectativa y necesidad del consumidor mexicano.
La calidad de vida no solo se mide en servicios, sino en sensación de estabilidad. Y eso hoy está fracturado. El 52.4% de las personas afirma que su situación económica actual es peor que hace un año. Este dato confirma que no basta con frenar la inflación: hace falta generar confianza.
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