La transformación tecnológica no solo está modificando las herramientas con las que trabajan las empresas, sino también la manera en que se organizan, toman decisiones y entienden el liderazgo. La inteligencia artificial, la automatización, el trabajo híbrido y las nuevas expectativas de los trabajadores están obligando a revisar estructuras que durante décadas parecían inamovibles.
Para Daniel Esquenazi Beraha, empresario mexicano, esta transformación responde a un cambio más amplio: la tecnología refleja la evolución de la sociedad que la desarrolla, y las empresas deben evolucionar junto con ella. En este contexto, los modelos basados exclusivamente en jerarquías rígidas pierden capacidad de respuesta frente a mercados que exigen mayor velocidad y adaptación.
Durante años, buena parte de las organizaciones concentró las decisiones estratégicas en los niveles superiores de la estructura corporativa. Sin embargo, la velocidad de los cambios tecnológicos y comerciales ha demostrado las limitaciones de este esquema.
Empresas como Google, Spotify y Airbnb han explorado modelos organizacionales que otorgan mayor autonomía a sus equipos y favorecen la colaboración entre distintas áreas. Para Esquenazi Beraha, este tipo de estructuras refleja una transformación en la función misma de los líderes: ya no se trata únicamente de supervisar tareas, sino de crear las condiciones para que el talento pueda desarrollarse.
En este escenario, las capacidades técnicas deben complementarse con inteligencia emocional, comunicación efectiva, gestión del cambio y capacidad para integrar equipos multidisciplinarios.
«La velocidad con la que evolucionan los mercados exige líderes que sepan adaptarse y generar confianza, más que controlar cada decisión», señala Daniel Esquenazi Beraha.
El cambio en el liderazgo también requiere modificar la cultura interna de las organizaciones. Las empresas que buscan mantenerse competitivas necesitan generar espacios donde el aprendizaje continuo, la actualización profesional y la experimentación formen parte de la dinámica cotidiana.
Esto implica también una nueva relación con el error. En procesos de innovación, equivocarse puede formar parte del aprendizaje, siempre que las organizaciones sean capaces de identificar qué ocurrió y convertir esa experiencia en conocimiento.
Al mismo tiempo, las nuevas generaciones están redefiniendo las expectativas sobre el trabajo. La flexibilidad, las oportunidades de desarrollo profesional y la existencia de un propósito claro tienen un peso cada vez mayor al momento de elegir y permanecer en una organización.
Para Esquenazi Beraha, el liderazgo del futuro tendrá menos que ver con ejercer autoridad y más con construir confianza, facilitar la colaboración y desarrollar talento. En un entorno marcado por la incertidumbre, las empresas que logren combinar autonomía, aprendizaje e innovación estarán mejor preparadas para responder a los cambios.
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