Labubu Pop Mart
No parece un osito.
Tampoco intenta ser particularmente bonito.
Tiene orejas enormes.
Una sonrisa extraña.
Y nueve pequeños dientes que forman parte de su identidad.
Labubu.
Hace algunos años, millones de personas fuera del mundo de los designer toys probablemente no sabían quién era.
Eso cambió.
Bolsas de lujo comenzaron a llevar pequeños Labubus colgados.
Celebridades aparecieron con ellos.
TikTok se llenó de cajas abriéndose frente a la cámara.
Después llegaron filas, productos agotados, reventa y consumidores desesperados por encontrar determinadas versiones.
Pero detrás del personaje existe algo todavía más interesante.
Una extraordinaria máquina comercial llamada Pop Mart.
En 2025, la compañía registró ingresos por 37,120 millones de yuanes, un crecimiento anual de 184.7%.
Mientras tanto, The Monsters, la propiedad intelectual donde vive Labubu, generó 14,161 millones de yuanes durante el mismo año.
Un aumento de 365.7%.
Labubu dejó de ser solamente un juguete viral.
Se convirtió en una propiedad intelectual global.
Para entender el fenómeno hay que regresar a 2015.
El artista Kasing Lung creó un universo fantástico inspirado en cuentos y mitología nórdica.
Dentro de aquel mundo vivían diferentes criaturas conocidas como The Monsters.
Entre ellas estaba Labubu.
Pop Mart describe al personaje como una pequeña criatura con orejas altas y puntiagudas, dientes serrados y una personalidad traviesa pero bondadosa.
Originalmente, por lo tanto, Labubu pertenecía a un universo artístico.
No nació como producto diseñado específicamente para perseguir tendencias de redes sociales.
Esa diferencia sería importante después.
Antes del fenómeno mundial, Lung tenía experiencia trasladando sus dibujos al mundo físico.
Pop Mart señala que comenzó a colaborar con la compañía de juguetes de diseñador How2work en 2011.
Años después llegó el movimiento decisivo.
En 2019, Pop Mart firmó un acuerdo exclusivo de licencia con Kasing Lung para The Monsters.
La primera serie lanzada bajo ese acuerdo rompió récords de ventas dentro de la categoría de art toys de la compañía.
Labubu había encontrado la máquina que podía convertirlo en producto masivo.
Su gran innovación comercial está en cómo vende muchos de ellos.
Blind boxes.
Cajas sorpresa.
El consumidor conoce la colección.
Puede ver cuáles personajes existen.
Sin embargo, no necesariamente sabe cuál recibirá hasta abrir la caja.
Eso modifica completamente la compra.
Comprar deja de ser simplemente elegir un producto.
Ahora existe incertidumbre.
Imaginemos dos escenarios.
En el primero, ves un Labubu, pagas y te lo llevas.
Fin.
En el segundo, compras una caja sin saber exactamente cuál está dentro.
La abres.
Quizá consigues el personaje que querías.
Quizá no.
Entonces aparece una pregunta peligrosa:
¿compro otra?
Ahí comienza el verdadero negocio.
Normalmente, el empaque desaparece después de comprar.
Con las blind boxes ocurre algo diferente.
Abrir la caja es entretenimiento.
Existe expectativa.
Después llega la revelación.
Por eso, el formato funciona extraordinariamente bien en redes sociales.
Un creador puede grabarse abriendo una caja.
El espectador quiere saber qué aparecerá.
Después abre otra.
Y otra.
El producto físico produce contenido digital prácticamente por naturaleza.
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YouTube comenzó a demostrar hace años que abrir productos podía convertirse en entretenimiento.
TikTok aceleró todavía más esa dinámica.
Ahora el empaque no solamente protege el objeto.
También puede construir suspenso.
Para Pop Mart, eso significa publicidad creada por sus propios consumidores.
Cada caja abierta frente a una cámara puede funcionar como una pequeña campaña.
Las colecciones pueden incluir versiones más difíciles de encontrar.
Ahí la dinámica cambia nuevamente.
El consumidor ya no busca simplemente completar una colección.
Busca aquello que pocos tienen.
La rareza aumenta el deseo.
Además, puede alimentar el mercado de reventa.
Es una fórmula conocida en otros negocios.
Sneakers.
Cartas Pokémon.
Bolsos.
Relojes.
Coleccionables.
La escasez convierte disponibilidad en estatus.
Esa diferencia parece pequeña.
Comercialmente es enorme.
Cuando el consumidor siente que un producto puede agotarse, la decisión de compra se acelera.
“Después lo compro” puede significar “ya no estará”.
Entonces aparece el FOMO.
Fear of missing out.
Miedo a quedarse fuera.
Pop Mart encontró una manera de combinarlo con coleccionismo.
Las figuras fueron importantes.
Sin embargo, los peluches y colgantes ayudaron a transformar todavía más al personaje.
Porque ahora Labubu podía salir de casa.
Podía acompañar una bolsa.
Una mochila.
Un outfit.
De repente, el coleccionable dejó de permanecer sobre un escritorio.
Se convirtió en accesorio.
Eso abrió la puerta hacia la moda.
Estaba en conseguir que después de abrirla quisieras comprar otra.
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