La plastilina que nació por accidente

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Botes de Play-Doh de colores utilizados por niños para crear figuras y desarrollar su creatividad.
La plastilina que nació por accidente

Pocas marcas pueden presumir que un error cambió su destino para siempre. Eso fue exactamente lo que ocurrió con Play-Doh, una de las marcas de juguetes más famosas del mundo y un producto que ha acompañado a generaciones enteras de niños.

Lo más sorprendente es que Play-Doh no fue creada como un juguete. Durante la década de 1930, la empresa desarrolló una masa especial para limpiar el hollín que dejaban las estufas de carbón en los papeles tapiz de las casas estadounidenses.

Sin embargo, el mercado cambió. Las nuevas formas de calefacción redujeron la necesidad de ese producto y el negocio comenzó a perder relevancia. En consecuencia, parecía que la compañía estaba destinada a desaparecer.

Una maestra cambió la historia

La transformación llegó cuando una profesora descubrió que aquella masa suave era ideal para que los niños modelaran figuras durante las clases.

Además, la textura era segura, fácil de manipular y permitía desarrollar la creatividad. La empresa decidió modificar ligeramente la fórmula, agregar colores llamativos y lanzar el producto como juguete.

La apuesta resultó un éxito inmediato.

El juguete que sobrevivió a las pantallas

Mientras muchos juguetes tradicionales desaparecieron con la llegada de los videojuegos y los teléfonos inteligentes, Play-Doh encontró la manera de mantenerse vigente.

Por otro lado, padres y especialistas en educación continúan valorando actividades que estimulan la creatividad, la coordinación motriz y la imaginación lejos de las pantallas.

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 Ambas marcas demostraron que la creatividad puede convertirse en un negocio multimillonario.

Más de medio siglo entre colores y creatividad

Actualmente, Play-Doh se vende en decenas de países y forma parte del portafolio de Hasbro, una de las compañías jugueteras más grandes del mundo.

Lo que comenzó como un limpiador de paredes terminó convirtiéndose en uno de los juguetes más reconocidos de la historia. Un recordatorio de que algunas de las mejores ideas no nacen en una sala de juntas, sino de accidentes que alguien supo aprovechar.

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