En cada litro de leche que se compra en México hoy hay algo más que calcio: hay inflación. El precio de este alimento esencial subió 12.7% entre enero de 2025 y enero de 2026, pasando de un promedio nacional de 29.19 pesos a casi 32.90. Un aumento que, aunque parezca mínimo en el día a día, se multiplica a lo largo del mes y golpea con fuerza el presupuesto de millones de familias y pequeños negocios.
Este incremento no es solo una cifra. La leche entera ultrapasteurizada, producto clave en la canasta básica, ha subido de forma sostenida. Lo que antes se conseguía por debajo de los 30 pesos, hoy se acerca peligrosamente a los 33, sin necesidad de marcas premium ni empaques especiales. Esto refleja un fenómeno más amplio: el aumento estructural de los precios de alimentos cotidianos.
Inflación leche: ¿qué está detrás del aumento?
Las razones son múltiples y se suman como capas. Por un lado, la leche cruda enfrenta encarecimiento por factores climáticos, menos disponibilidad de ganado y alza en el costo de alimentación. A esto se añade la leche en polvo importada, cuyo precio está atado a mercados internacionales volátiles. Y como si fuera poco, los envases, el transporte refrigerado y la energía suben también.
Además, la brecha se amplía dentro del propio anaquel. La leche semidescremada ya ronda los 37.5 pesos por litro, mientras que la versión light puede alcanzar los 39.5. Esto obliga a muchos hogares a ajustar su consumo y a negocios como panaderías o cafeterías a recalcular márgenes.
La frecuencia con la que se compra leche hace que su impacto inflacionario sea más visible que el de otros productos. Este aumento ha obligado a algunos comercios a subir precios, mientras otros intentan absorber el golpe. La estabilidad del gasto diario, representada durante décadas por un simple litro de leche, hoy se tambalea.











