En América Latina ya hay unicornios con liderazgo femenino. Nubank en Brasil. Gupy. Rappi, con cofundadora mujer. Uruguay tiene el suyo.
Chile también. Argentina no. La ausencia de una unicornia nacional no se debe a falta de ambición ni de talento. El problema es más incómodo: un ecosistema que no sabe —o no quiere— habilitar los caminos que harían posible ese tipo de éxito.
«Aún hoy, la imagen del emprendedor exitoso sigue siendo masculina», asegura Julia Bearzi, directora ejecutiva de Endeavor Argentina, y aclara que: «las mujeres acceden con menos frecuencia al capital necesario en las primeras etapas, lo que condiciona todo lo que viene después».
En 2024, solo el 2,3% del capital de riesgo en América Latina fue a parar a startups lideradas por mujeres , según Crunchbase y el Foro Económico Mundial. Ese porcentaje, más que un número, es una declaración del sistema: lo que no se ve como potencial, no se financia.
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