Hay tradiciones que activan algo más que la nostalgia. El Día de la Candelaria, celebrado cada 2 de febrero en México, representa un fenómeno económico real que fortalece a los negocios familiares. Este 2026, la fecha inyectará más de 1,800 millones de pesos a la economía local, según datos publicados en enero. El dinero se mueve, y lo hace al ritmo del comal.
Esta celebración, íntimamente ligada a la Rosca de Reyes, convierte a miles de familias en microempresarias de un día. El ticket promedio ronda los 700 pesos por celebración, y la derrama se concentra principalmente en Ciudad de México, Estado de México, Puebla y Veracruz. Además de tamales y atole, también se vende lo que rodea: servilletas bordadas, figuras del Niño Dios y hasta empaques personalizados.
Día de la Candelaria como motor comunitario
No solo se vende comida, se moviliza una red entera de valor. Desde proveedores de masa hasta distribuidores de hoja de maíz, pasando por quienes ofrecen transporte o plataformas de venta exprés. Muchos ya aplican preventas por WhatsApp y entregas coordinadas vía redes sociales. La informalidad no está peleada con la innovación cuando hay visión de oportunidad.
La Candelaria demuestra que una celebración cultural puede detonar ingresos si se conecta con herramientas digitales y agilidad operativa. En los últimos años, estos negocios han comenzado a escalar en formato sin sacrificar su esencia local. Este modelo híbrido entre costumbre y adaptación tecnológica resulta clave para quienes emprenden sin etiquetas, pero con impacto.
El 73% de los consumidores de productos tradicionales como tamales prefieren comprarlos directamente a personas conocidas o de su comunidad, por encima de restaurantes.
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