El 64% de las personas en el mundo afirma sentirse más ansiosa que hace cinco años, de acuerdo con el estudio global de Ipsos 2025 sobre bienestar emocional. En ese escenario, prácticas como el mindfulness han cambiado de lugar dentro de la conversación pública.
Durante años, el mindfulness se percibió como algo lejano o asociado únicamente a lo espiritual. Hoy, su uso se ha expandido hacia entornos mucho más cotidianos.
Empresas, escuelas y profesionales de la salud lo han integrado como una herramienta para mejorar la concentración y reducir el estrés. Este cambio responde a una necesidad concreta: aprender a detener la reacción automática.
Ivonne Mancera, coach en desarrollo y paz mental, traduce este concepto en prácticas accesibles. Su enfoque elimina la complejidad y lo convierte en algo aplicable en el día a día, sin necesidad de condiciones especiales.
El mindfulness, en este sentido, deja de ser una actividad aislada. Se vuelve una forma de observar lo que ocurre en la mente sin reaccionar de inmediato.
“Estar presente no es algo extraordinario, es algo que olvidamos hacer todos los días, necesitamos cooperar con el universo”, explica Ivonne Mancera fundadora de IMCU.
Desde la neurociencia, se ha documentado que este tipo de prácticas puede reducir la activación de áreas del cerebro relacionadas con la ansiedad, lo que explica su creciente adopción.
Lo relevante es que ya no se trata de una tendencia de nicho. Se ha convertido en una herramienta transversal que puede aplicarse en distintos contextos.
Las búsquedas relacionadas con mindfulness aumentaron más del 25% entre 2024 y 2026, según Google Trends, lo que confirma que cada vez más personas buscan formas de gestionar su mente, puntualiza Ivonne Mancera.
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