La infraestructura eléctrica vive una transformación silenciosa. Los solid-state transformers están atrayendo millones en inversión al prometer algo que la red tradicional nunca ofreció: control inteligente del flujo de energía.
Tres startups lo demostraron en los últimos meses. DG Matrix cerró una Serie A por 60 millones de dólares. Heron Power levantó 140 millones en una Serie B. Amperesand aseguró 80 millones para expandirse en el mercado de centros de datos. El capital fluye hacia una tecnología que busca reemplazar equipos basados en hierro y cobre diseñados hace más de un siglo.
Solid-state transformers y el auge de los data centers
A diferencia de los transformadores convencionales, los solid-state transformers utilizan semiconductores como carburo de silicio o nitruro de galio. Estos materiales permiten convertir corriente alterna en directa, ajustar voltajes y revertir el proceso dentro de un mismo sistema.
El resultado es mayor eficiencia y control bidireccional del flujo eléctrico. En centros de datos, esta capacidad reduce espacio físico hasta en 70% y elimina equipos intermedios como inversores o sistemas UPS. Además, pueden disminuir costos totales a entre 60% y 70% frente a configuraciones tradicionales al reemplazar múltiples dispositivos en una sola unidad.
Un superciclo energético en marcha
Más del 50% de los transformadores de distribución en Estados Unidos supera los 35 años de antigüedad. Al mismo tiempo, la demanda eléctrica podría duplicarse hacia 2050 impulsada por inteligencia artificial, cargadores de vehículos eléctricos y electrificación industrial.
Los solid-state transformers también ofrecen ventajas estratégicas. Al depender menos de cobre y acero, evitan la volatilidad de materias primas. Además, integran generación renovable y almacenamiento en baterías con mayor flexibilidad.
Aunque hoy mantienen un sobrecosto frente a los modelos tradicionales, su potencial en centros de datos y hubs de carga eléctrica acelera su adopción. Si escalan hacia subestaciones y redes de distribución, podrían reducir costos de transmisión y hacer más eficiente cada kilovatio transportado.











