Pocas marcas logran lo que Botox consiguió en Estados Unidos: convertirse en sinónimo de toda una categoría. En ese dominio está también el riesgo. Porque cuando una marca lidera con tanta fuerza, lo inevitable es que otros quieran su lugar. Hoy, AbbVie intenta sostener un negocio de más de 2,700 millones de dólares anuales, justo cuando nuevos jugadores llegan con agresividad quirúrgica.
Hugel, con sede en Corea del Sur, y su línea llamada The Chaeum, acaba de entrar al mercado estadounidense. Lo hace con el respaldo de una alianza estratégica con la gigante Revance, y con una promesa clara: posicionar un botulínico premium, pero a menor precio. El mensaje es directo para médicos, dermatólogos y clínicas estéticas: más margen, mismos resultados.
Marketing, descuentos y apps: los nuevos campos de batalla del botox
La respuesta de AbbVie no se hizo esperar. Invirtió 140 millones de dólares en campañas de marketing en los primeros nueve meses de 2025, triplicando lo que gastó Revance. Además, lanzó ofertas agresivas de fidelización para profesionales de la estética, con descuentos personalizados y beneficios por volumen.
En paralelo, la coreana Evolus, con Jeuveau, ha sabido capturar la atención del mercado millennial, posicionándose como la opción cool del botox. Su lenguaje visual, sus campañas con influencers y una app para seguimiento post-tratamiento reconfiguran la experiencia estética. Mientras tanto, Hugel busca diferenciarse por pureza, calidad farmacéutica y soporte médico.
Más allá del marketing y la guerra de precios, la clave está en la fidelidad de los aplicadores y la experiencia del paciente. En este escenario, las marcas están dejando de vender solo toxina: ofrecen comunidad, acompañamiento y tecnología.
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